Disfunciones sexuales: qué son y cómo se clasifican
Disfunciones sexuales: la necesidad de hablar del tema
A día de hoy, hablar de disfunciones sexuales sigue siendo un tabú. En muchos contextos, la sexualidad continúa rodeada de silencios, vergüenza y desinformación. La falta de una educación sexual clara y accesible hace que muchas personas no sepan distinguir entre una dificultad puntual y un problema que merece atención.
En mi consulta trabajo a diario con dificultades relacionadas con el deseo, la excitación o el orgasmo. Y algo que sigue llamándome la atención es la enorme dificultad que tienen muchas personas para hablar de su cuerpo y de su sexualidad, incluso cuando el malestar es evidente.
Disfunciones sexuales: más allá del miedo
Hablar de disfunciones sexuales no es hablar de algo raro, excepcional o grave. A lo largo de la vida, un enorme porcentaje de personas atraviesan momentos en los que el sexo deja de funcionar como antes: aparece menos deseo, cuesta excitarse, el orgasmo no llega o se vuelve insatisfactorio.
Estas dificultades pueden generar preocupación, vergüenza o sensación de fracaso, pero en la mayoría de los casos tienen explicación y tratamiento.
Como se vive la sexualidad es una parte central en el bienestar de una persona.
Este artículo propone una mirada clara y divulgativa para entender qué son las disfunciones sexuales, cómo se clasifican y por qué no conviene reducirlas solo a un problema físico.
Qué se entiende por disfunción sexual
Hablamos de disfunción sexual cuando una dificultad relacionada con el deseo, la excitación o el orgasmo se mantiene en el tiempo y genera malestar personal o relacional.
No se trata de un problema puntual, sino de una experiencia que empieza a afectar al bienestar, a la autoestima o a la vida de pareja.
Es importante subrayar algo:
👉 no todo problema sexual tiene una causa médica,
👉 y no todo problema sexual se resuelve con fármacos.
La sexualidad es un fenómeno complejo donde intervienen el cuerpo, la mente, las emociones, la historia personal y el contexto relacional.
Cómo se clasifican las disfunciones sexuales
Desde un punto de vista clínico y divulgativo, las disfunciones sexuales suelen agruparse en tres grandes categorías:
- trastornos del deseo sexual
- trastornos de la excitación sexual
- trastornos del orgasmo
Esta clasificación ayuda a entender dónde aparece la dificultad principal, aunque en la práctica muchas personas pueden presentar combinaciones de varios factores.
Trastornos del deseo sexual
Los problemas de deseo sexual son bastante frecuentes. Se manifiestan como una disminución marcada del interés sexual, ausencia de fantasías o una sensación de “desconexión” con el propio deseo.
Algunas personas describen que el sexo ya no les apetece, otras sienten deseo solo en determinadas circunstancias, o únicamente al inicio de las relaciones.
Entre los factores psicológicos más habituales se encuentran:
- estrés crónico y cansancio emocional
- ansiedad y estado de ánimo bajo
- conflictos de pareja no resueltos
- autoexigencia y presión por cumplir con expectativas
- experiencias pasadas negativas o culpabilizantes
En personas LGBT, el deseo puede verse afectado además por:
- miedo al rechazo
- homofobia interiorizada
- mensajes aprendidos sobre culpa o peligro asociados al sexo
- dificultad para sentirse seguro y validado en la intimidad
Trastornos de la excitación sexual
Los trastornos de la excitación sexual aparecen cuando, a pesar de existir deseo, el cuerpo no responde como se espera.
Tales problemas pueden manifestarse como dificultades de erección o como problemas de lubricación y sensibilidad.
Aunque siempre es fundamental descartar causas médicas, muchas dificultades de excitación tienen un origen psicológico; y muchos casos se asiste también a la interacción entre causas fisiológicas y de causas psicológicas.
Entre los factores más comunes están:
- la ansiedad de rendimiento
- el miedo al fallo
- la atención excesiva al propio cuerpo o a la respuesta sexual
- los pensamientos anticipatorios (“¿y si no funciona?”)
- las experiencias previas percibidas como fracaso sexual
Cuando la mente entra en modo vigilancia, el cuerpo suele bloquearse.
La excitación necesita seguridad, atención al placer y cierta capacidad de “dejarse llevar”.
Trastornos del orgasmo
Los problemas relacionados con el orgasmo incluyen:
- dificultad para alcanzarlo
- eyaculación precoz
- orgasmos muy retardados
- orgasmos poco intensos
- o ausencia total de orgasmo (anorgasmia)
Desde el punto de vista de los factores psicológicos, estas dificultades pueden estar relacionadas con:
- pensamientos que no permiten sentir lo que está ocurriendo
- dificultad para soltar el control mental
- vergüenza corporal
- falta de conexión con las propias sensaciones
- creencias rígidas sobre cómo debería ser el sexo
En muchos casos, la relación con la pareja sexual también puede convertirse en un factor de estrés; por ejemplo si toda la atención va alrededor del orgasmo de la otra persona, el riesgo es de desconectar de lo que se siente.
En personas LGBT, pueden influir también aprendizajes tempranos de ocultación, el miedo a mostrarse, las dificultades para integrar el placer con la identidad sexual y, a veces, cierta separación entre sexo y afecto.
Disfunciones sexuales: cuándo hablamos de un problema específico o general
No todas las disfunciones sexuales son iguales, ni se viven del mismo modo. En consulta suele ser útil distinguir algunas categorías básicas que ayudan a entender mejor qué está ocurriendo y a no sacar conclusiones precipitadas.
Disfunción sexual específica
Hablamos de una dificultad que aparece solo en determinadas situaciones, con ciertas personas o en contextos concretos. Por ejemplo, problemas de erección únicamente con la pareja, pero no en otras circunstancias, o dificultad para llegar al orgasmo solo en relaciones sexuales compartidas. En estos casos, los factores emocionales, relacionales o situacionales suelen tener un peso importante.
Disfunción sexual general
La dificultad aparece de forma constante, independientemente del contexto, la pareja o el momento. El problema se mantiene en prácticamente todas las situaciones sexuales. Aquí conviene explorar tanto factores psicológicos como posibles componentes médicos, siempre desde una mirada integrada.
Disfunción sexual primaria
La dificultad ha estado presente desde el inicio de la vida sexual. La persona no recuerda haber vivido la sexualidad de otra manera. En estos casos, suelen influir aprendizajes tempranos, educación sexual insuficiente, creencias rígidas o una relación temprana compleja con el cuerpo y el placer.
Disfunción sexual secundaria
El problema aparece después de un periodo en el que la sexualidad funcionaba de forma satisfactoria. Puede estar relacionado con cambios vitales, experiencias estresantes, conflictos de pareja, problemas de salud o vivencias emocionales significativas. Identificar qué ha cambiado suele ser clave para entender y abordar la dificultad.
Comprender estas diferencias permite normalizar la experiencia y orientar mejor el trabajo terapéutico.
Particularidades en personas LGBT
Las personas LGBT no presentan más disfunciones sexuales por sí mismas, pero sí pueden estar más expuestas a ciertos factores de riesgo psicológicos:
- no haber tenido una educación sexual inclusiva
- estrés de minoría
- miedo al juicio
- invisibilización del deseo
- modelos sexuales muy normativos, o exigentes.
Todo esto puede generar una relación tensa con el cuerpo, el placer y el rendimiento sexual.
Por eso, abordar las disfunciones sexuales desde un enfoque afirmativo y libre de juicios resulta especialmente importante.
Cómo puede ayudar la terapia sexológica
La terapia sexológica (también llamada terapia sexual) no se centra únicamente en hacer que el sexo funcione, sino en comprender qué está ocurriendo y recuperar una relación más tranquila y placentera con la sexualidad.
Desde un enfoque psicológico, el trabajo suele incluir:
- exploración de creencias y miedos asociados al sexo
- conocimiento de las necesidades individuales propias
- reducción de la ansiedad de rendimiento
- mejora de la comunicación sexual
- reconexión con las sensaciones corporales
- revisión de la historia sexual personal
Cuando es necesario, el trabajo se coordina con profesionales médicos, pero siempre integrando la dimensión emocional y relacional.
Para terminar
Si has tenido algún problema sexual a lo largo de tu vida, no te preocupes: es muy frecuente, mucho más de lo que imaginas.
Las disfunciones sexuales no definen a nadie ni hablan de un fallo personal.
Son señales de que algo necesita atención, comprensión y cuidado.
Con información clara, un espacio seguro y acompañamiento profesional, es posible recuperar una sexualidad más serena, consciente y satisfactoria.
Si al leer este artículo te has reconocido en alguna de estas situaciones, puede ser útil hablarlo con calma y sin juicios. A veces, poner en palabras lo que ocurre es el primer paso para entenderlo de otra manera y empezar a abordarlo.
Si lo deseas, puedes ponerte en contacto conmigo a través del formulario y te responderé personalmente para valorar tu caso y explicarte cómo trabajo en las sesiones de sexología.
Trabajo en Madrid centro (paradas Bilbao e Iglesia) y propongo terapia presencial. El coste de una primera sesión es de 30 euros. El coste para sesiones siguientes de terapia individual es de 70 euros.
