Adicción a Grindr y a las apps de ligoteo gay

Entre oportunidad, dependencia y malestar emocional en hombres gays

La primera vez que me hablaron de Grindr era el año 2010. Estaba con un amigo en un bar perdido en una zona rural. De repente me miró y me dijo: “Vas a flipar”. Abrió la aplicación y apareció un usuario a pocos metros. Miramos alrededor intentando adivinar a quién correspondía aquella imagen pixelada con barba y media sonrisa.
En ese momento me sentí ingenuo. ¿De verdad era tan fácil conocer a otro chico gay, incluso en un sitio tan aislado? Todo me parecía frío, pero al mismo tiempo muy excitante.
¿Qué le diría yo a ese chico? ¿Qué me diría él a mí?
Hoy, más de una década después, hablar de Grindr y de otras apps de ligoteo gay forma parte habitual de mi trabajo en consulta.

“Creo que soy adicto a Grindr”: cuando el uso empieza a generar malestar

Trabajo con personas que utilizan las apps de ligoteo de formas muy distintas. Algunas las usan de manera puntual, otras como una vía principal para conocer gente, y otras llegan a consulta porque sienten que algo se les ha ido de las manos.
Mirar perfiles se convierte en una actividad a la que dedican una cantidad enorme de tiempo. A veces solo para fantasear, sin llegar a quedar con nadie. Otras veces con la expectativa de encontrar al hombre ideal, “el definitivo”.

Una frustración constante.

En algunos casos aparecen perfiles falsos para comprobar si la pareja está conectada. En otros, cansancio, inseguridad y sensación de no ser suficiente.
Un paciente me decía:
“Este fin de semana me he quedado enganchado a Scruff. He perdido horas y no he quedado con nadie. Creo que voy a desinstalarla”.
La pregunta que aparece con frecuencia es clara:
¿Se puede ser adicto a Grindr o a las apps de ligoteo gay?

Grindr y las apps de ligoteo como fenómeno social

Grindr se lanzó en 2009 y hoy está disponible en más de 190 países. Scruff, lanzada en 2010, alcanzó en pocos años millones de usuarios. Las apps han pasado de ser algo marginal a convertirse en un fenómeno cultural.
Han estado presentes en eventos masivos, en polémicas mediáticas e incluso en el mundo de la moda. Lo que antes era clandestino o cargado de morbo se ha vuelto accesible, inmediato y normalizado.
Buscar un encuentro sexual ocasional parece, a veces, tan sencillo como elegir un menú a domicilio. Sin embargo, tarde o temprano, muchas personas acaban haciéndose las mismas preguntas.

¿Por qué es tan fácil quedarse enganchado?

El concepto clave es el refuerzo a razón variable.

Sé que en algún momento puede aparecer algo interesante: un mensaje, un match, una respuesta inesperada. Pero no sé cuándo. Esa incertidumbre mantiene la atención constantemente activada.

Las apps refuerzan este mecanismo a través de:

  • notificaciones imprevisibles
  • interacciones intermitentes
  • perfiles atractivos
  • interfaces diseñadas para mantener el interés

Cuanto más tiempo se pasa conectado, mayor es la activación fisiológica y más difícil resulta desconectar.
No es casualidad que instituciones como el National Institutes of Health hayan financiado investigaciones sobre estos mecanismos en relación con las apps de ligoteo.

Apps de ligoteo gay y mecanismos obsesivos

Más allá de la adicción, aparece otro factor muy frecuente en consulta: la obsesión.
Las apps permiten filtrar de forma muy precisa: rol sexual, edad, cuerpo, hábitos, intereses. En teoría, esto facilita encontrar a la persona “adecuada”. En la práctica, puede fomentar una búsqueda rígida y cada vez más exigente.
Muchas personas acaban construyendo una imagen muy concreta de lo que buscan y descartan cualquier alternativa que no encaje en ese molde. El resultado suele ser paradójico: mucho tiempo invertido, muchas opciones disponibles y una sensación persistente de insatisfacción.

Consecuencias emocionales del uso compulsivo

El uso compulsivo de Grindr y otras apps de ligoteo puede generar:

  • ansiedad y auto-exigencias
  • inseguridad corporal
  • sensación de vacío
  • frustración constante
  • problemas en la gestión de la sexualidad
  • dificultad para conectar fuera del entorno digital

Incluso cuando se adopta una actitud exigente o distante, el impacto emocional termina apareciendo.

¿Cuándo pedir ayuda profesional?

Muchas personas llegan a terapia no porque quieran dejar de usar las apps, sino porque quieren entender qué les pasa. Cuando el uso genera malestar, interfiere en la vida cotidiana o se vive con culpa, vergüenza o ansiedad, puede ser útil hablarlo en un espacio profesional. En muchos casos el uso compulsivo de apps se puede relacionar a la necesidad de mantener una desconexión con ciertos problemas o ciertos bloqueos que todavía no se han solucionado. A veces las personas podrían no ser concientes de eso.
La psicoterapia permite explorar qué función cumple la app en cada caso, qué necesidades emocionales están en juego y cómo recuperar una relación más libre y consciente con el deseo, el vínculo y la sexualidad.

Conocerse en la era digital

Acabaré este artículo hablando de un aspecto de nuestra sociedad que me llama especialmente la atención: la pérdida de espontaneidad. Cada vez resulta más difícil exponernos a experiencias totalmente espontáneas y conocer a otras personas, por ejemplo, en una fiesta o en un bar.

Las apps han sido una herramienta valiosa para el colectivo, ya que han permitido conocer gente y vivir la sexualidad con mayor libertad. No obstante, estar en el mismo lugar y buscar en el Grindr a alguien que está a pocos metros de distancia, nos vuelve más torpes socialmente. Es otro ejemplo de lo que llamamos la crisis de la tolerancia a la frustración. Esperemos que, en un futuro, el miedo al rechazo no sea tan grande como para necesitar una interfaz tecnológica constante.

Si sientes que el uso de las apps te genera malestar, ansiedad o confusión, hablarlo en un espacio profesional puede ayudarte a entender qué te pasa. Puedes escribirme usando este formulario. Trabajo en Madrid centro (paradas Bilbao e Iglesia) y propongo terapia presencial. El coste de una primera sesión es de 30 euros. El coste para sesiones siguientes de terapia individual es de 70 euros.

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