Cómo funciona la terapia de pareja: emociones, pensamientos y comportamientos
Así que ayer peleaste con tu pareja. Llegaste a casa después de un día muy estresante y, al ver los platos sin fregar, perdiste la razón.
—La única persona que hace algo en esta casa soy yo —empezaste a chillar—. Estás demasiado ocupado en mirar culos en Instagram para hacer algo.
La respuesta no tardó en llegar:
—¡Si tienes que volver así cada noche, casi mejor que te quedes trabajando!
—Pues eso debería hacer, por lo menos allí me respetan y me ayudan.
—¡Eres un egoísta!
—¡Y tú, un vago!
A tus reproches se sumaron los suyos, en una imparable lucha por ver quién subía más el tono de voz. Para rematar, dos portazos, lágrimas y otros dramas.
Cómo ayuda la terapia de pareja
La terapia de pareja puede ayudar a poner un poco de orden en el caos que se va construyendo día tras día entre dos personas. Su objetivo no es que la relación dure por durar, sino ofrecer herramientas para entenderse mejor y relacionarse de una forma más sana.
En la terapia de pareja que suelo proponer, una de las primeras claves es aprender a distinguir tres niveles fundamentales de la experiencia psicológica:
pensamientos, emociones y comportamientos.
Comprender esta diferencia puede cambiar por completo la manera en que una pareja gestiona los conflictos.
Pensamientos: cómo interpretamos lo que pasa
Los pensamientos son relativamente fáciles de identificar porque tienen una estructura verbal. En términos psicológicos, forman parte del procesamiento cognitivo de la información.
“La única persona que hace algo en esta casa soy yo” es una interpretación de la realidad. Puede parecer lógica y objetiva, pero no siempre es del todo cierta.
El trabajo cognitivo en terapia de pareja consiste en cuestionar nuestras interpretaciones automáticas.
¿Es verdad que soy la única persona que hace algo?
¿Quién puso la lavadora ayer?
¿Quién sacó al perro el lunes?
¿Quién preparó esas croquetas el miércoles, con todo el tiempo que eso implica?
Distorsionar la realidad significa generalizar, dar un peso excesivo a ciertos datos e ignorar otros, alimentando emociones intensas y reacciones desproporcionadas.
Emociones: por qué son tan difíciles de gestionar
Identificar pensamientos puede resultar relativamente sencillo. Reconocer las emociones, en cambio, suele ser mucho más complejo.
Culturalmente, hemos aprendido a vivir las emociones como algo incómodo o peligroso. Desde la antigüedad se han contrapuesto a la razón, y durante siglos se ha reforzado la idea de que sentir demasiado es una debilidad.
Esto se nota especialmente en muchos hombres, que por estereotipos de género has sido educados para expresar la agresividad y ocultar emociones como el miedo, la tristeza o la vulnerabilidad. A todo esto sumamos que casi nadie ha tenido acceso a una buena “educación emocional”.
Emociones: qué son realmente
Las emociones son patrones de activación psicológica y fisiológica. No se piensan: se sienten.
Producen cambios corporales como aceleración, tensión, calor, frío o agitación.
Es importante entender que “lo hago todo yo” no es una emoción. Lo son la frustración, el enfado o la tristeza que aparecen por este pensamiento.
En terapia de pareja, aprender a identificar qué emoción está activa y de dónde viene es clave.
Muchas veces no nace en la discusión actual, sino que viene acumulándose desde antes: un mal día en el trabajo, una sensación de injusticia o un cansancio emocional prolongado. También, pueden influir en nuestra respuesta ciertos patrones emocionales aprendidos en el pasado, por ejemplo en familia.
Comportamientos: lo que hacemos cuando discutimos
Gritar es un comportamiento.
Hablar de forma tranquila, también lo es.
Aunque gritar pueda parecer una forma de desahogo, suele consumir una enorme cantidad de energía y empeorar el conflicto. El resultado habitual es agotamiento, culpa y sensación de distancia.
Cuando una persona logra identificar sus emociónes y sus pensamientos, puede elegir una respuesta diferente y más funcional.
Muy a menudo, reaccionar de manera diferente es algo necesario para poder romper ciertos patrones disfuncionales en la pareja.
Qué cambia cuando aprendemos a distinguirlos
Cuando una pareja aprende a diferenciar pensamientos, emociones y comportamientos, los conflictos dejan de ser una batalla y se convierten en una oportunidad de comprensión.
Has llegado a casa después de un día duro de trabajo y te has dado cuenta de que estabas irritable (emoción). Al ver los platos una voz en tu cabeza te ha dicho: “Están todavía sin fregar, tenía que hacerlo él” (pensamiento).
En lugar de dejarte arrastrar por el enfado (emoción) y gritar (comportamiento) te has parado a razonar un minuto para poner cada cosa en su sitio.
Le has comentado de manera tranquila: “Ha sido un día horrible y estoy muy cansado, no me apetece fregar los platos”. Tu pareja te ha acariciado la cabeza y te ha contestado: “No te preocupes, cariño, lo iba a hacer yo ahora. ¡Tú descansa, que estás agotado!”
Te has tumbado en el sofá y él se ha encargado de recoger todo y dejarlo en orden. Ha venido a sentarse a tu lado para ver la tele y tú te has quedado dormido. El día de trabajo ahora te aparece como un recuerdo lejano y te das cuenta de que lo que necesitabas no eran platos limpios, sino alguien que te mimara un poco y que te escuchara.
Sigues allí, tranquilo, y de repente todo te parece mucho, mucho mejor de lo que esperabas.
En la terapia de pareja, es común apuntar los episodios de conflicto y las emociones, los pensamientos y las conductas que se han presentado. Si sientes que te gustaría profundizar estos temas, puedes escribirme usando este formulario. Trabajo en Madrid centro (paradas Bilbao e Iglesia) y propongo terapia presencial. El coste de una primera sesión es de 30 euros. El coste para sesiones siguientes de terapia de pareja es de 80 euros.
